Vigne Cosmetiques

LA FRUTA DE LA JUVENTUD


LA FRUTA DE LA JUVENTUD

Tan sagrada como antigua, la vid fue una de las primeras plantas que cultivaron los seres humanos.
En el antiguo Egipto sus hojas eran utilizadas para decorar templos. Los sumerios, en el 2.500 a. C., grabaron escenas de banquetes con comensales bebiendo vino. Entre las deidades de los griegos, Dioniso estaba consagrado al vino, del mismo modo que los romanos tenían a Baco.

Las propiedades curativas de la vid también datan de tiempos inmemoriales. Se dice que las romanas se hacían mascarillas con uvas trituradas, y las mujeres de la corte de Luis XIV mejoraban su piel untándose vino. Las ramas y hojas, por sus propiedades astringentes y hemostáticas, se usan para curar enfermedades de la piel. Y su fruto, la uva, es refrescante, tónico y diurético.

La vitamina E le otorga una de sus principales cualidades, ya que actúa como antioxidante a nivel de la síntesis del pigmento hemo, una parte esencial de la hemoglobina. Pero el elemento que la hace más apropiada para el uso en cosmetología es el resveratrol. Se trata de un compuesto de la familia de los polifenoles, presente en las uvas y sus derivados, que se ha revelado como un magnifico antioxidante. Según diversas investigaciones es 50 veces más potente que la vitamina C.



EL SECRETO DE LA LONGEVIDAD.


El resveratrol está presente sobre todo en la piel y las semillas de la uva. Los polifenoles (sustancia química presente en está fruta que tiene propiedades antioxidantes) previenen el envejecimiento de la piel, la reafirman y la hidratan, estimulando la generación de colágeno y favoreciendo igualmente la tonificación muscular. El resveratrol, particularmente, activa la producción de sirtuinas, más conocidas como las proteínas celulares de la longevidad. Estas proteínas están presentes de manera natural en nuestra piel pero con el paso del tiempo disminuyen y se vuelven menos eficaces.

La función primordial de las sirtuinas es aumentar en situaciones de estrés, acudiendo al rescate de la célula dañada y reparandola, o dejándola morir en caso de que el daño sea excesivo. De esta manera, evitan que pueda ocurrir algún tipo de cambio celular peligroso. Sin embargo, esto sólo ocurre cuando las sirtuinas se encuentran a pleno rendimiento, proceso que comienza a decaer a partir de los 30 años. De ahí la necesidad de aportarlas de forma externa a través del uso de tratamientos cosméticos. La uva y sus derivados no sólo retardan el envejecimiento cutáneo sino que mejoran la elasticidad de la piel contra las agresiones ambientales.